Anamorphein trabaja, como un grabado de Maurits Cornelis Escher, la ilusión y la perspectiva sonora, explorando cómo un material se metamorfosea según el ángulo de escucha. El trío de teclados forma una superficie móvil, de geometría variable, donde cada motivo se desliza imperceptiblemente hacia otra forma, otro espacio. Lo que al principio parece lineal se distorsiona, se invierte, se superpone. Como en una escalera imposible, el discurso musical sube mientras desciende, se transforma repitiéndose, hasta confundir las referencias temporales y armónicas. El diálogo instrumental se convierte en un laberinto acústico, hecho de ilusiones, bifurcaciones y puntos de fuga sin resolución.