Les étoiles s’évaporent (Las estrellas se evaporan), desprendiendo una energía irreductible, un resplandor fosforescente y una percepción inmediata. El material sonoro puesto en movimiento aquí sigue la misma trayectoria : a medida que esta evaporación analógica avanza, la señal se desvanece y termina rozando la imperceptibilidad, disolviéndose progresivamente en un universo resonante, casi autónomo del gesto instrumental inicial. Esta desintegración va acompañada de una desaceleración del flujo musical, al igual que un púlsar cuya pérdida de energía conduce inevitablemente a la disminución de su velocidad angular. Les étoiles s’évaporent desaparecen en la infinitud del cielo y dejan emerger mundos aún desconocidos.
