La intención aquí es amplificar la presencia vocal replicándola en la parte electrónica, creando así una miríada de avatares que ya no permiten distinguir claramente lo que pertenece a la realidad de lo que pertenece al sueño. Una especie de diálogo en el espacio, pero sobre todo en el tiempo, donde las sílabas vuelven y se repiten casi hasta el infinito, perdiendo así su sustrato al compás de aceleraciones y desaceleraciones incesantes en el corazón de un entrelazado naciente. El resultado es un laberinto de texturas fonéticas cuya piedra angular es, en definitiva, la pérdida de sentido. Desde entonces, los espacios semánticos atravesados se vuelven inciertos y las pistas indecisas, dispersas aquí y allá, no son más que espejismos emergentes de una lenta metamorfosis.
