El xilófono ugandés, el Amadinda, es tocado por cuatro a seis músicos que realizan un clúster del cual emerge una melodía mediante juegos hábiles de acentuación. Esta idea se transfiere aquí a un vibráfono cuya preparación permite una polifonía de timbres. A partir de un flujo rítmico continuo, series de acentos se escapan y dibujan elementos en temporalidades superpuestas.


