Un élan (Un ímpetu), en una forma tensa, donde los timbres instrumentales y electrónicos se confunden en un único flujo de energía, pero también en una tensión rítmica constante, alimentada por la idea de velocidad. La virtuosidad del conjunto y la precisión algorítmica se desafían, aceleran y persiguen en una carrera contra el tiempo entre la máquina y los intérpretes vivos. La obra se escribe así como un gesto en desequilibrio, un movimiento lanzado sin retorno, una trayectoria común entre cuerpos vivos y entidad calculadora.