Séquelles d’instants teje una memoria distorsionada, donde el clarinete reactiva fragmentos sonoros proyectados en un espacio fragmentado. La electrónica interviene solo con ligeros toques, como una sombra proyectada sobre el material acústico; a veces ausente, a veces mimética, actúa como un doble fantasma, haciendo porosa la frontera entre lo tocado y lo reconstruido. El material sonoro se construye en capas de ecos: no un espejo, sino una cámara de sombras donde de los destellos del pasado solo quedan huellas. Con el tiempo, esos residuos se agrupan, se desdibujan, hasta formar un recuerdo que ya no remite a nada más que a sí mismo.